Génova contra G8, más que una esperanza
es un artículo de Karlo Raveli publicado en GARA el 21 de julio de 2001.
kolaborazioak Karlo Raveli * Miembro del Foro Hemen eta
Munduan
Génova contra el
G8, más que una esperanza
El capitalismo ha sido el único sistema de desarrollo que ha logrado centralizar y homogeneizar casi completamente la estructura socio-económica, la técnico-científica, la educativa y la comunicativa de nuestro planeta, a pesar de sus graves límites, de las crueles y desastrosas consecuencias y de las profundas contradicciones que encierra. Además, ha alcanzado técnicamente por lo menos en el plano teórico la potencialidad de un bienestar general para todos a escala planetaria, de lo que por el momento sólo se aprovecha una minoría de sectores sociales.
Dicho de otro modo, sólo con este sistema de organización de la sociedad ha sido posible, en una fulgurante progresión geométrica de 500 años de sacrificios y tragedias, relacionar bajo mandos y normas estandarizadas a gran parte de los procesos materialmente importantes aunque no sólo éstos de todos los pueblos, territorios y riquezas de la tierra.
Mientras esto sucede, paralelamente se ha elevado la capacidad productiva general por encima del umbral de las necesidades básicas.
Han sido 5 siglos de sobresaltos, aceleraciones y regresiones, pero con un resultado final que hace sólo unas décadas parecía imposible o muy improbable, y que es lo que llamamos globalización.
Sin embargo ahora, terminada de asentar la base estructural de la gran obra, un ciclo parece concluirse con la irrupción de un fenómeno que puede presagiar posibles cambios de signo cualitativo en la historia del desarrollo.
Es decir: justamente ahora, en estos años o meses, podemos decir que un gran ciclo de relumbrante y dramático crecimiento cuantitativo del homo sapiens parece haberse completado, de alguna forma, al alcanzar la globalización planetaria de un sistema, y al abrirse una nueva etapa contradictoria que podría ser distinta y mejor si la humanidad oprimida la quisiera conquistar.
Hablamos de la aparición de una resistencia igualmente global, o de una contestación y hasta de una rebelión radical muy distribuida y conectada en casi todos los países del globo. Parece todavía algo tímida y débil, en comparación con la violencia y enormidad del adversario. Pero lo que vemos, podría ser sólo un comienzo. O configurarse como prolegómeno de procesos críticos posiblemente más profundos de los actuales, pero seguramente más amplios y de importancia creciente, que conecten y multipliquen todas las luchas locales y particulares en el planeta. Lo confirman hechos palpables para quienes quieran observarlo sin viejas gafas ideológicas. Crece y se transforma. Ha empezado a incidir en las conciencias populares, en los comentarios de la calle, y resulta que ya tiene incidencias concretas en la política económica y cultural, no sólo perceptibles por quienes hemos puesto oídos al fenómeno. También los servicios de inteligencia de los grandes estados lo han registrado con mucha preocupación, como resulta de la lectura de varios documentos disponibles en Internet.
Este es el panorama que refleja el Foro Social de Génova, organizado contra la cumbre de los G8 y que plantea alternativas a la globalización capitalista.
También el movimiento popular vasco parece enfrentarse a este nuevo ciclo. Se empieza a notar una cierta presencia de Euskal Herria en la gran agitación popular mundial. Hablamos de una realidad muy plural, dinámica y creativa que, con el eje político de la «unidad de acción», deja atrás a los partidos y supera en cierto modo a las instituciones tradicionales. De alguna forma, tal y como pasó hace 3 o 4 décadas, con la primera crisis general del sistema después de la II guerra mundial, cuando crecieron grandes focos de resistencia completamente al margen del régimen parlamentario, de las corrientes ideológicas dominantes y de la partitocracia.
Y, por supuesto, el poder responde de la forma más natural, por su estructura sutil pero profundamente violenta: palo y zanahoria en recetas combinadas. La misma UE se compromete directamente con Schengen en la cobertura autoritaria o fascistoide de la globalización y asistimos a una represión diversificada y cada vez más afinada, con simultáneos intentos de asumir o condicionar elementos parciales, los menos radicales por supuesto, del movimiento crítico, por medio de sus componentes internos más predispuestos.
Por un lado, estudian y ensayan nuevas formas de control policial y militar a extender a todos los países. Por el otro, buscan infiltrarse en los nudos y en los temas de fondo del movimiento (las formas de lucha, la cultura, la ecología, la representatividad...) para lograr reconducir y capitalizar algo del fenómeno. La Unión Europea y los estados, al servicio de las multinacionales, empiezan a preocuparse en recuperar la nueva dialéctica social hacia la senda segura de las instituciones y de los partidos. El régimen actual, basado en el parlamentarismo, fue justamente un producto del capitalismo burgués para manipular y controlar, al nacer las necesidades y fenómenos de poder popular o de democracia real. La revolución francesa fue paradigmática a este respeto.
Para evitar que el nuevo movimiento encienda un fenómeno social generalizado alrededor del lema «un mundo mejor es posible», se precisa reconducirlo hacia las formas políticas antiguas.
Sin embargo, creo que la fuerza de esta nueva esperanza para los parias de la tierra el 95% de la población mundial será imparable. Estamos juntos en la lucha los ecologistas, las mujeres más conscientes, toda clase de obreros, agricultores, jóvenes luchadores metropolitanos o de la periferia, indígenas y naciones sin poder de los cinco continentes, movimientos culturales y lingüísticos, antirrepresivos...
También en Euskal Herria viejos componentes ideológicos intentan condicionar el crecimiento de la nueva resistencia. Pero su dinámica crítica y creativa y la autonomía de la decrépita política parlamentaria será muy difícilmente domada por lo que registramos de madurez en los debates permanentes que se llevan a cabo en Internet relacionados con los foros (Seattle, Praga, Porto Alegre, Goteborg...) Algo nuevo se mueve, y después de Génova tendremos otras oportunidades de hablar de ello; la cuestión empieza a estar en la calle.